18 de mayo de 2016

“Loco como una cabra” dice Mujica de Nicolás Maduro


El ex presidente de Uruguay José Mujica (2010-2015), no se muerde la lengua y dijo hoy que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, "está loco como una cabra", en relación al cruce de palabras entre el mandatario venezolano y el actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. (además Un cuento de terror)


"Le tengo gran respeto a Maduro pero eso no quita que le diga que está loco, loco como una cabra", expresó a la prensa.

De igual modo, manifestó que Almagro "no es ningún traidor ni funcionario de la CIA", en defensa de su excanciller a quien Maduro acusó de formar parte de este cuerpo de inteligencia estadounidense.

"Almagro es un abogado, esclavo del derecho. Yo discrepo con Almagro en algunas cosas, pero también discrepo con Maduro", sentenció.

"En Venezuela están todos locos. Se dicen de todo y así no van a arreglar nada. Están bien pasados de rosca todos", continuó el expresidente uruguayo.


Además, agregó que a Almagro lo "respeta y aprecia mucho", aunque a su juicio, "el problema no es Almagro, el problema es Venezuela", por lo que añadió que el país caribeño "deber tratar de arreglar" su crisis económica "de alguna manera", ya que "no se puede vivir a los porrazos".

Sin embargo, hace algunas horas Mujica, reiteró su "adiós" a Almagro, por sus declaraciones contra el Gobierno de Maduro.

"Yo ya fui claro en su momento y hablé una vez. No tengo que andar repitiéndolo todos los días. Se acabó. Adiós Almagro", dijo a los medios en el Parlamento uruguayo.

El presidente venezolano dijo ayer que el titular de la OEA es un "agente de la CIA" estadounidense ante la campaña de la oposición venezolana para convocar este año un referendo para revocar su mandato.

Por su parte, Almagro acusó a Maduro de traicionar a su pueblo en un mensaje público en el que afirma que, si impide el referendo para revocar su mandato, será "un dictadorzuelo más".


Venezuela, Un cuento de terror 

Recomiendo la lectura del informe de Moisés Naím y Francisco Toro en The Atlantic de este mes: Venezuela is Falling Apart (Venezuela se cae a pedazos).

Empieza con un relato de realismo fantasmagórico que lo resume todo. Es la historia de un empresario que está a punto de entrar a la cárcel por no haber puesto papel de baño en los baños de su empresa.
Su camino circular empieza hace un año, cuando el sindicato le exige el cumplimiento de una oscura cláusula del contrato colectivo de trabajo consistente en que los baños deben tener papel todo el tiempo.

El empresario ha dejado de cumplir a la letra ese compromiso porque no hay papel de baño en Venezuela o es casi imposible encontrarlo, lo mismo que arroz, leche, desodorantes o condones.
El empresario tiene recursos y puede encontrar aquí y allá dotaciones del papel requerido, pero apenas lo pone en los baños de la empresa, el papel desaparece, pues los trabajadores se lo llevan a sus casas.
La falta de papel pone a los trabajadores en camino de una huelga, asunto muy riesgoso para la supervivencia de la empresa.

Bajo las reglas socialistas del gobierno venezolano, una huelga larga en alguna empresa es causal de expropiación por el gobierno para entregarla a los trabajadores.
El empresario encuentra en el mercado negro, a precios altos, al proveedor que necesita. Puede venderle una dotación de papel de baño suficiente para unos meses.

Cuando el cargamento de papel llega a la fábrica es interceptado por la policía, que lo incauta bajo el supuesto del delito de acaparamiento. El gobierno de Maduro castiga el acaparamiento como un delito asociado a la "guerra económica" que, según Maduro, Estados Unidos conduce contra la Venezuela bolivariana.

El acaparamiento de bienes crea una escasez artificial, dice el gobierno, y es considerado un delito insidioso y grave, cercano a la traición.
El empresario y sus directivos han sido acusados de acaparamiento. Si resultan culpables, irán a la cárcel.

El empresario indiciado estableció su negocio hace diez años. Lo último que pensó es que llegaría a estar en riesgo de ir a la cárcel por el papel de baño.

Venezuela, dicen los autores, ha encontrado la manera de volver normal lo inimaginable.

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