24 de junio de 2016

Brozo finaliza un ciclo. El drama tras el payaso


Llegó el día viernes 24 de junio del 2016. Luego de seis años al aire, Víctor Trujillo, Brozo el payaso tenebroso, se despidió este viernes de su programa "El Mañanero". El conductor agradeció a su equipo de trabajo y al público porque sin ellos el programa no hubiera durado. (Ver video y El drama tras el payaso)

"Desde luego no les puedo decir el lunes nos veremos aunque ustedes no lo quieran, pero será cualquier día, será más tarde que temprano, ojalá más temprano que tarde, pero si tienen tele ay se ven", fueron sus palabras.

 Brozo regresará a la televisión a partir del 26 de agosto, todos los viernes por las noches con sus emblemáticos personajes.

Brozo: el


Drama tras el payaso 

El actual protagonista de la obra Los Lobos ha definido la agenda política, padecido amenazas de muerte, vivido con guaruras, sufrido el deceso del amor de su vida.

Esta es la historia de Víctor Trujillo, el hombre que encarna al único payaso influyente del país.

De tenis y pants, Víctor Trujillo aguarda el inicio de El Notifiero en su oficina de Televisa Chapultepec: un austero espacio de unos 10m2 con imágenes de sus hijas y un escritorio con papeles revueltos.

En un librero veo una foto de Víctor sollozando junto a un féretro abierto. Adentro yace Brozo, que sonríe guiñando un ojo. -¿Qué significa? -le pregunto. -Yo lloro y Brozo chacotea en el ataúd, diciendo «ese güey cree que me morí». Para que se muera uno debe morirse el otro. Brozo es mi antagónico, todo lo que yo no soy es él. Somos hardware y software. Él se atreve a pensar lo que yo no.

En vez de ir a terapia seis años, me hice un personaje sin querer. Brozo nació en la crujía L de la cárcel de Santa Martha Acatitla, donde su madre estaba presa por intento de asesinato. Al ser liberada lo dejó en la celda. Y cuando él salió, en la pubertad, viajó a Tijuana, donde supo que ella había muerto. Sobrevivió contando cuentos. Esa es la historia oficial.

Pero hay otra versión. Brozo nació a fines de los 80, en una fiesta infantil de la familia Trujillo. El actor de 27 años vio entrar a un payaso con peluca verde, andar errático, en huesos y tos de fumador. El alcohol había dejado su voz como lija. Los niños lo veían entre asustados y divertidos. Trujillo rio más que nadie y no se sacó de la cabeza a ese hombre, hasta que aquel personaje degeneró en "Brozo": por broza, barrio, albures.

El payaso debutó en el 88 en la «Velada literaria-cómico-político-musical» del Bar Guau, en San Ángel. Bajo la melodía de los payasos salió haciendo caras chistosas, moviendo las palmas. Playera rota, peluca enredada y zapatos sucios, exclamó aguardentoso: «La cosa está de la chingada y se va a poner peor.» Luego le mentó la madre al público, se burló de Carlos Salinas de Gortari y bromeó sobre el fraude en la elección de ese año. La gente aplaudió varios minutos y la función siguiente las localidades volaron.

El éxito hizo que Trujillo quisiera llevar a Brozo a la TV, algo difícil en años en que el gobierno sometía a los medios electrónicos. Pero en esos días, Imevisión canceló el contrato a Sofía Álvarez, conductora de Sofiando, programa de cuentos infantiles. El escritor televisivo Ramiro Gómez se acercó a Trujillo: «¿Y si Brozo los cuenta?»
Así nació "Brozeando", segmento de La Caravana que hizo famosos los relatos "El Soldadito del Pomo", "El Rey Sidas" o "El vago de los chismes".

El preámbulo era: «Niños, ¿quieren que les cuente un cuentooo? ¿Nooo?, pues se amuelan, se los voy a contar.»


INSACIABLE

La mamá de Trujillo fue actriz amateur y pintora. Víctor, su papá, economista del sector público. Pero fue su abuelo materno -el "abuelo Matamoros"-, músico y bohemio, quien poseía la «trampa genética del arte», como dice su nieto. Víctor, el mayor de cuatro hermanos, nació el 30 de julio de 1961 en el Sanatorio Durango de la Roma, y creció en la calle Vista Hermosa, junto a Río Churubusco.
Su barrio de infancia, de viejas casonas, es agradable. Ángela, anciana que vive junto a la que fue casa de los Trujillo Matamoros, recuerda a un Víctor tímido en esa cuadra del sur de la Portales. «Era raro verlo en la calle. Su hermano chiquito, Rubén, era mucho más amiguero.» Junto a sus hermanos Claudia, Rubén y Adriana, estudió en el Colegio Alemán Alexander Von Humboldt. «Era muy callado -dice María, su compañera-. Al principio parecía insoportable y con aires de grandeza, pero era por tímido. A la gente la hacía carcajear.» Aunque retraído, imitaba a los maestros, hacía chistosadas.

«Haces las obras de la escuela -recuerda Víctor sobre sí mismo -, organizas el teatro con los primos, conoces todas las películas de los Soler, Clavillazo y Piporro, vas al cine cada 24 horas y dices ¿qué más? Pareces insaciable.» El chico que se despertaba y dormía oyendo radio sacó su energía visitando las estaciones: «Los locutores eran triple A -añade-. Para platicar se aventaban turnos de cuatro horas con libros de historia enfrente, diccionarios, efemérides.» A los 12 años empezó a ir a Radio Éxitos, Radio 620, La W o Stereorey: «quisiera que me dejaran ver», era su solicitud en la entrada.

Los locutores salían al quite con sus aprendices si faltaba alguien. Víctor se coló al programa La rockola y La hora de la diversión, y luego dio clases de pronunciación de inglés y alemán a los locutores. Si del colegio llamaban a casa porque había faltado, estaba de pinta en la radio o Televisa, donde veía en vivo El club del hogar. Víctor admiraba las dotes de improvisación de sus conductores modelo: "Danielito" Pérez Arcaraz y Francisco Fuentes "Madaleno". A los 14 años, una compañera del Alemán le confió que su papá, Rubén Rodríguez, producía La hora del granjero, de la XEB. Víctor logró que el legendario conductor Héctor Martínez Serrano le abriera un espacio.

En su primera aparición, enmudeció varios segundos, hasta que una descarga de adrenalina impulsó a su lengua. -¿Qué sentiste? -Terror, terror, terror. Y gusto. En los shows nocturnos del Bar Mink, en Insurgentes Sur, debutó en el escenario como imitador. Pero a los 16 años hizo un alto para viajar a Hamburgo con Eugenio, Diego y Julio, sus amigos desde el kínder. La expedición en Alemania se alargó dos años. Fue mesero, albañil, pintor y cantó con su guitarra en bares y plazas.

De regreso en México, la vida se complicó. Alejado de los escenarios se ganó la vida con doblajes, el oficio de su hermano Rubén ("Trujo"). Adiestrado por actores como Fernando Luján y Germán Robles, fue el Lord Leon-O en la caricatura Thundercats, el navegante John Blackthorne de la serie Shogun o el gángster Tony Montana en Scarface. El pastelero del rey, dirigida por Roberto D'Amico, fue una de las obras que marcó su vuelta al teatro.

Ahí, en 1982, Víctor y la actriz Carolina Padilla se enamoraron. Huían de fiestas multitudinarias y eran de risa fácil. Se casaron por lo civil dos años después, mientras buscaban un lugar en el mundo de los actores. La boda fue en casa de los papás de Víctor. Carolina y Paulina, sus hijas, nacieron en el 90 y el 92. En la oficina que tenía con Ausencio, en la Del Valle, Víctor llamaba a su mujer. «Le decía: "Mi cielo, chiquita, te amo" -cuenta Ramiro, jefe de escritores de El Notifiero y amigo de Trujillo desde hace décadas-. Era un gran amor.»



 A SALTO DE MATA

 En una época en que las mujeres luchan por la igualdad, Víctor instaló en su programa una ironía: designó a la modelo Isabel Madow como su "secretaria". «El primer día, Carolina y Víctor me dijeron: "Tú no hablas en ningún lado, aunque te entrevisten" -recuerda Isabel-. Estuve dos años así». -¿Cómo era Trujillo como jefe? -Estricto, puntual. (Pero) es un caballero. Como dicen, es una dama: es muy educado, y rara vez dice una mala palabra.

La virtud del noticiero iba más allá: «Cuando inició (El Mañanero) a la gente no le interesaban las noticias porque no las entendía -recuerda Víctor-. Existían el círculo rojo y el verde: los que entienden y los que no. Nos metimos entre los dos círculos a ser críticos y ácidos y decir: explicándote las noticias vamos a reírnos de las tomaduras de pelo. (Los políticos) son tus empleados: entiende de qué se trata.» El Mañanero, primer noticiero del mundo conducido por un payaso, se volvió factor de la agenda política. Las invitaciones a Víctor de los poderosos para hablar en privado se multiplicaron: acudía a Les Moustaches, Au Pied de Cochon o El Cardenal. «Hay que dejarse ver, mano», decía a sus amigos.

No fue casual que el diputado Federico Döring (quien rechazó hablar con Chilango) eligiera a Brozo para transmitir un video implacable. A las 5:30 am del 3 de marzo de 2004, le llevó el material.
Lo vieron en un estudio de Televisa Chapultepec. Bejarano llegó a la televisora a las 6:40 am para dar una entrevista a las 7:20 a Adela Micha, conductora de En Contraste. Antes de salir a cámara, una señorita le pidió apagar su celular y su bíper. A las 7:23 Bejarano hablaba del secretario de Finanzas del DF, Gustavo Ponce, quien apareció en un video apostando en Las Vegas. Al paralelo, en otro estudio, Brozo y Döring veían, al aire, el video en el que el empresario Carlos Ahumada daba a Bejarano, coordinador del PRD en la Asamblea Legislativa, 45 mil dólares y algunas ligas. «Saliendo del estudio se me acercó una persona para decirme que Víctor Trujillo quería saludarme, pero nunca me dijeron que se había transmitido un video y querían conocer mi opinión.

En el estudio vi que estaba Federico Döring. Lo saludé; ni siquiera sabía que estaba al aire. Me sentaron y me exhibieron el video», declaró Bejarano al Canal 6 de julio. -¿Qué pasó ese día? -le pregunto a Víctor. -A las 3:30 a.m. iba saliendo para acá (Televisa), pero ya había gente nuestra desde las 11:00 de la noche trabajando. Me avisan que tengo llamadas desde las 3:00 de Federico (Döring). Nos comunicamos y me dice: «tengo algo». «¿Tienes qué?», le digo. Me dice: «un video de Bejarano haciendo esto». -¿Qué haces? ¿Era una oportunidad para catapultarte? -pregunto. -Al contrario. Lo más sano que podía haber en el ambiente político era una "izquierda contraste". Supuestamente la oposición estaba obligada a hacer la diferencia. Si el video hubiera sido de un priísta dices «bueno, resultó que sí.» O de un panista dices «mira lo que hace el poder». Pero de la izquierda dices «no no no no y ¡no!» -

¿Por qué lo transmites? -No puedes ser cómplice de lo evidente. Es como decir a la mujer que amas: «Hazlo con quien quieras pero que yo no me entere.» Qué pena que la evidencia de la corrupción que todos sospechábamo s desde que nacimos llegara de ese lado. Pero no puedes verlo y decir «no, la izquierda no acostumbra eso». Me enojó y entristeció mucho. -Bejarano habló de una celada. -Estaban de moda los complots, todos tenían uno. A lo mejor había uno contra Andrés (Manuel López Obrador), pero hay niveles. -

¿Por qué no le dieron el video a Joaquín López-Dóriga, a Carlos Loret? -Brozo estaba a top. Queríamos meternos a las noticias pero no planeamos que los medios estuvieran pendientes de lo que hacíamos o que nos entrevistara o hablara de nosotros un periódico alemán (Spiegel), uno francés (Le Monde Diplomatique), los gringos (Seattle Times), españoles (La Voz de Galicia). -¿Quién estuvo detrás de ese video? -Lo dije en El Mañanero tres o cuatro días después. Si este video lo tenía Ahumada guardado como protección de que lo empinaran primero, él tuvo que haber ido con alguien opositor para decirle «mira lo que tengo». Y yo dije «del PAN sólo puede ser Diego (Fernández de Cevallos)». -¿Alguien más? -¿Con la lana de quién? A lo mejor fue la de Carlos Salinas, él tenía muchos intereses en la presidencia de (Vicente) Fox. -

¿Qué pensaste cuando Bejarano llegó? Bebe un sorbo de café viendo la pared. -Son de esas veces que dices «ya lancé la chingada moneda y va a caer parada». Si hubiera sabido que por ese momento íbamos a tener tres años de terror con mis hijas, a salto de mata, a lo mejor no lo hago. -¿Por quiénes, los bejaranistas? -No lo sé, siempre fue anónimo. -¿Eran llamadas? -Acciones, provocaciones. -Tenías cuatro guaruras... -¿Cuatro? ¡Cuatro guaruras cada uno! -dice levantando los brazos y la voz. -¿Cuál fue el peor momento? -¡Todo! Eran montajes, si ibas al cine alguien salía a provocarte y había otros tres listos para hacer lo mismo por acá y otros tres por allá. Tenía que ir siempre en alerta: se pretende que tú falles, tú empieces, porque si caes en la provocación entonces eres un prepotente. Tienes que estar listo para que llegue alguien a decirte verraqueces que no has oído -y mira que uno es verraco-. Es cuando dices «esto es un anzuelazo».

A inicios de 2004, Jorge Camacho y Jorge Méndez, colaboradores de Trujillo en El Mañanero, recibieron el siguiente mensaje SMS en sus celulares: «Dile a Víctor que se cuide porque se va a morir.» En febrero de 2004, según gente cercana al conductor, Televisa dispuso cuatro guaruras para él, y dos para cada una de sus hijas. Según la Procuraduría General de Justicia del DF las amenazas fueron enviadas de un celular de prepago del estado de Sonora. Dos días después de presentar el video, los guaruras ya eran su sombra. Tres viajaban en un auto escolta y en el suyo iba un chofer entrenado. En marzo recibió una llamada en su oficina con un mensaje que le hacía una sugerencia: darse por muerto. Aunque evaluó sacar a sus hijas del país, confió en la protección de Televisa. No obstante, dos colaboradores de El Mañanero que pidieron no publicar su nombre coincidieron en que Víctor les dijo: «Quieren vincularme al narco y no voy a permitirlo.»

En marzo, Víctor ordenó a su staff hacerse un examen antidoping.



POR ESO ESTÁ AHí

Su maestra de actuación, Fátima del Rosario, le presentó al actor Ausencio Cruz. La amistad entre ambos dio frutos con varios sketches presentados en el Bar Guau, de San Ángel, a mediados de los 80. La mancuerna interesó a Luis Vázquez, de Imevisión, que lanzó el programa En tienda y tras tienda. El programa atrajo a Televisa. «Ofrecían una suma considerable -recuerda Ausencio-. Víctor insistió y yo me negué. Como nos querían a ambos no se hizo. Yo me mantuve firme y él, al final, parece que no, y por eso está ahí.» Un año después, Imevisión lanzó La Caravana, que rescataba la vocación de ambos: el teatro de revista. Víctor saltó a la fama con Brozo, Estetoscopio Medina y La Beba Galván. El comentarista José Ramón Fernández les pidió integrarse a Los Protagonistas de Italia 1990 en un hecho inédito: el humor en los grandes eventos deportivos.

En su carrera, Trujillo ha participado en cinco Copas del Mundo y cinco Juegos Olímpicos. Víctor y Ausencio viajaban a provincia para presentarse. Víctor, en avión; Ausencio, en coche. Si la gente veía sólo a uno preguntaba por el otro. «No queríamos eso -dice Cruz-. Íbamos a ser Viruta y Capulina.» La dupla sufriría una fractura cuando Polydor Records contrató a Brozo para lanzar su primer disco de cuentos, Venga por lo suyo, con temas como "Ah ladino" y "El traje del encuerador". «Grabó sin avisarme -lamenta Cruz- y al año siguiente me dijo: "En la disquera quieren grabar uno de Margarito". ¡Justamente, con Margarito criticábamos a las grandes empresas que se jodían a los más jodidos!» En un diálogo de horas en la oficina de ambos en Imevisión, Trujillo sostenía que era el momento ideal para ampliar sus horizontes. Cruz argumentaba que «había formas» de hacerlo. Los decibeles subieron. «Esa diferencia marcó la separación, pero, al menos de mi parte, somos amigos», aclara Ausencio.


ELLOS DEBEN ESTAR ACÁ

En Nueva York, las Torres Gemelas ardían. El presidente Fox tenía un evento en el Polyforum, y ante ello policías y agentes del Estado Mayor llegaron a las 8:30 am a desalojar el World Trade Center, sede de Canal 40. El argumento: los riesgos de un ataque terrorista. Evacuado el edificio, sólo faltaba el personal del piso 41, donde El Mañanero transmitía: la producción se negaba a irse. Al aire, Brozo señalaba un monitor e interpretaba la tragedia: «Estamos, posiblemente, ante el parteaguas del terrorismo en el mundo en el siglo XXI.» El rating de El Mañanero alcanzó aquel jueves 11 puntos, casi uno más que Jorge Berry en Primero Noticias. «Ese día, Televisa dijo "ellos deben estar acá" -comenta Horacio Castellanos o "Lacho Raquenel", colaborador de ese programa-.

Poco después, cuatro directivos de Televisa presentaron a Víctor su oferta. Enterado, Horacio lo confrontó. -Te la van a mentar, el payaso está acostumbrado a eso, pero tú no. -¿Por qué perderíamos credibilidad? He demostrado otra cosa -dijo Trujillo. -Ir a Televisa va a decepcionar a quienes creyeron en tus críticas a ella. En tu primer día allá la gente va a recordar todas las veces que dijiste que no te irías a Televisa.

El viernes 7 de diciembre de 2001, los miembros de El Mañanero, que llevaban diez quincenas sin cobrar, dejaron el programa. Hubo llanto, abrazos. Centenares de empleados ovacionaban al payaso y su equipo. Horas después, la madrugada del sábado, Brozo ya estaba ante las cámaras de Televisa como parte del Teletón. Víctor lo había mantenido en sigilo, pero una semana antes, el 1 de diciembre, Bernardo Gómez, vicepresidente de Grupo Televisa, había arreglado con el comediante la firma del contrato.

El primer día de 2002 inició la nueva era de El Mañanero. «¿Se cumplió lo que le advertiste?», le pregunto a Castellanos. «Sí», responde. Víctor declaró que por respeto a José Ramón no viajaría con Televisa al Mundial Corea-Japón. Pero en mayo de 2002 recibió una llamada: debía partir. «No opuso resistencia», declaró Azcárraga Jean al Reforma. Por ese viaje, Trujillo y "Joserra" rompieron: «La amistad existe -declaró Fernández a ese diario-, pero también la deslealtad. Afortunadamente no lo he visto y ni me interesa verlo porque chupa demasiado, le huele la boca y además es travesti.» Brozo respondió al aire: «(...) ex querido amigo mío, qué lástima que no recuerdes antes de abrir el hocico.» -Declaraste contra Televisa toda tu carrera -cuestiono a Trujillo. -Eso fue antes que Emilio (Azcárraga Jean) estuviera al frente. Antes de esta administración jamás se respetó lo que se hacía.

Lo primero que le dije a Bernardo es: «no voy a cambiar» y me contestó: «así está padre». -Voy a leer un párrafo de la revista Etcétera de enero de 2002 -le comento: «Brozo dijo que Víctor Trujillo no apoyaría el concierto Unidos por la Paz organizado por TV Azteca y Televisa. Consideró que el suceso "es uno de los oportunismos más viles que he visto en las últimas décadas (...)" porque, ironizó, "de todos es sabido el gran interés que han demostrado a lo largo de estos años los Azcárraga y los Salinas Pliego por sus hermanos indígenas"».

El comediante me mira fijo. Enarca las cejas, da una calada al tercer cigarro desde que inició la entrevista y me dice «ajá». La respuesta no llega. -Ya es 2001 -añado- está Emilio Azcárraga Jean al frente... -Así es -afirma. Mira la puerta de la oficina y entrelaza las manos: «Así es», insiste, y revira: «Es como si digo "me gusta toda la programación de Televisa." Pues no. Hay cosas que me gustan, otras no. Lo mismo pasaba en Azteca y es igual en la BBC.» Cambio el tema. Vuelve su sonrisa.

EL PARARRAYOS

 La vida de los Trujillo Padilla cambió el 15 de julio de 2003. Carolina llegó a la oficina de El Mañanero a las 4 am, pálida y con un abrigo grande pese al calor que hacía. «Me duele horrible la cabeza», dijo. A las 5:30 am, Víctor bajó a iniciar el programa y ella se quedó en la oficina. A las 8:30 am Verónica, su asistente, se preocupó: la productora no había salido en tres horas. Al acercarse a la puerta, ella y David Filio -colaborador del programa- oyeron un grito, y luego silencio. Al abrir, Carolina estaba con la cabeza en el escritorio -como dormida-, un tono azuloso y respirando con dificultad. El teléfono en la mesa de El Mañanero sonó en un corte: desde la cabina avisaron a Víctor lo ocurrido. Colgó, dio una orden al floor manager: «no sé si regrese», y otra al cronista Jorge Camacho: «te encargo el programa».

Víctor se sentó en la ambulancia junto a Carolina, que ya tenía un catéter. En el Ángeles del Pedregal los estudios arrojaron que por un derrame cerebral su estado de salud era crítico. A las 2:30 pm de ese 3 de julio de 2003 la estaban operando. Desgastado, Trujillo prendía un cigarro tras otro y no dejaba que nadie lo acompañara en el balcón que reservó para sí. Cuando le dieron ropa para cambiarse, aún vestía como Brozo. Al inicio se negó a comer. A las 8 pm los médicos anunciaron que Carolina estaba grave. Debía ser operada otra vez. Trujillo pidió que nadie diera aviso a sus hijas, que en ese momento hacían un viaje escolar en Estados Unidos.

Nunca lloró en público ni perdió la amabilidad, pero su sonrisa desapareció 20 días. Durante una semana permaneció en el hospital, sin acudir al programa. Carolina estuvo en coma cinco semanas y fue dada de alta. Pero el 2 de mayo de 2004 el actor recibió una llamada de su hija Carolina mientras iba al aeropuerto: su mamá había sufrido un infarto al miocardio y estaba grave. Víctor regresó y pudo despedirse de su esposa, que murió a los 47 años. Al funeral en Gayosso acudieron desde el secretario de Seguridad Pública capitalino, Marcelo Ebrard, hasta el secretario de Energía, Felipe Calderón.

El suceso golpeó a la familia. «Ella llevaba la casa, cuidaba a sus hijas, solucionaba todo. Víctor estaba en su computadora, su música, sus libros. Al faltarle debió tomar las riendas: ir al súper, hacer cheques, ir a las juntas de la escuela. Todo le cayó de golpe», dice Ramiro Gómez. «Carolina era el pararrayos y la administradora del talento de Víctor -agrega Castellanos-. Nunca le dejaba tener problemas en el trabajo. Si alguien tenía una queja, iba con ella; si Televisa quería discutir algo, lo hacía con ella.» -¿Cómo fue ese momento? -cuestiono a Trujillo. -Ves lo que tienes que afrontar: mis chavas adolescentes, los novios, el ginecólogo. Además, la casa tiene que correr: el gas, la muchacha, las tenencias, los prediales. Había 19 pendientes y 30 cosas que aprender.

El despertador sonó a las 3:30 am. Como desde hacía diez años, Víctor se colocó el pants y la playera holgada -su atuendo ante la cámaras:- una vez más, cumplía el rito con el que el payaso empezaba a poseerlo. Pero esa vez fue diferente. Menos de dos semanas atrás había muerto su esposa, Carolina y, como nunca antes en su vida, sentía que se estaba disfrazando. El juego estaba terminado. El hombre de 43 años sabía que en una hora debía estar en el foro B, maquillado y con una peluca verde dando noticias con voz impostada. Sentía que entraría a una fábrica. Sería un obrero con un overol. «No, cabrón, esto sí no. Puedo divertirme cuatro horas, pero no padecerlas», pensó. Camino al foro B, lo decidió: El Mañanero se acabó. -No puedo más con esto -le explicó a Gómez, vicepresidente de Televisa. -Tómate un tiempo, no te preocupes -respondió el directivo.

Un mes después del fallecimiento, Trujillo se quitó la peluca y la nariz roja. Frente a las cámaras quedó un hombre que respiraba profundo. «Es mejor finalizar esta etapa», dijo. Sus dos hijas lloraron en el estudio. Esa despedida también fue el último día en Televisa para varios de su staff. Al menos 17 personas que lo seguían desde CNI se quedaron sin trabajo: «estoy atado de manos, no hay nada que pueda hacer», les dijo. «No nos ofreció nada, ni una explicación. Muchos supimos del fin del programa el lunes que lo anunció al aire. Fue un "adiós, muchas gracias"», dijo un miembro de la producción que trabajó seis años con él, y que pidió omitir su nombre. -

A los dos meses revives a Brozo -le digo a Trujillo. -Sí, cuando veo que puedo empezar a divertirme otra vez, me digo a ver, dónde me quedé ¡Ah!, aquí, vamos a jugar de nuevo. En mayo de 2005, Trujillo inició una relación con Rosa María de Castro, conductora desde 1986 en Imevisión. Ahí, según gente cercana, ella conoció a la esposa de Víctor, Carolina, de quien se hizo amiga. Condujo Hechos y por 15 años estuvo en el área de noticias. El noviazgo con Víctor duró dos años. 

REFUGIOS

Trujillo comenzó a jugar golf en los 90 con Luis Velázquez, productor de En tienda y tras tienda. Iba al Club Los Tabachines, en Morelos, donde hacía lo que hasta hoy prefiere: jugar solo o, acaso, con sus hijas o el caddie. Hace cinco años construyó una casa de campo junto al Club de Golf Malinalco para tomar sus palos Callaway y hacer el deporte que lo relaja. «En esa casa se respira paz, es su refugio. Ahí hemos reído, llorado, debatimos en sobremesas de horas», dice su amigo el chef Rodrigo Llanes. «Víctor es amable con todos, pero casi con nadie se abre. Muy pocos lo conocen», dice Ramiro Gómez, su amigo. Llanes añade: «Es difícil que deje entrar gente a su vida. Te sientes en confianza, sientes que te entiende y eso puede hacer pensar a la gente que son amigos, pero no necesariamente es así.»

Pese a la imagen de bromista y desfachatado, Víctor es solitario y silencioso. «He sido una persona inhibida», reconoce. Toca el piano, la guitarra y pasa horas componiendo temas de blues, jazz, rock o son cubano en su computadora. «La música es mi pasión secreta», dice. Fanático de los gadgets, ha tenido hasta siete computadoras al mismo tiempo. En su estudio se desvela con videojuegos como Age of Empires, o leyendo. A últimas fechas dedica tiempo a las novelas del español Carlos Ruiz Zafón.

Su actividad televisiva ha ido bajando: una vez a la semana graba El Notifiero, y a veces es invitado en Tercer Grado. Hoy, en cambio, este habitué de los restaurantes Villa María, Alaia y Hunan ha hecho un negocio de su gusto por la gastronomía y los vinos (es un fanático del tinto español Vega-Sicilia "Único"). Hace dos años, en una comida informal, el comediante, su amigo Llanes y el abuelo de éste, Juventino Castro y Castro -ex ministro de la Suprema Corte- acordaron crear El Jolgorio Cibeles, un restaurante mediterráneo en la Colonia Roma que se divide en bistró, café y área para eventos. -

¿Estás en un momento de descanso? -Me estoy tomando mi tiempo. Hace tres meses fui con Andrés Bustamante a tomarme unos tragos en su pueblo (Puerto Vallarta). Le dije: «¿Te das cuenta que hasta los 50 años estamos de parranda?» Nunca lo hicimos por estar en la chamba, tratando de construir cosas. Ahora, pelones y con hijos de 20 años, podemos decir: «Nos estamos reventando, cabrón. Es histórico.»


22 AÑOS SIN VERLO 

La relación entre Víctor y sus padres y hermanos es distante. Han pasado, incluso, años sin verse. En un podcast de Prodigy/Msn de 2007, su hermano "Trujo" habló de su hermano. «A mi carnal difícilmente le llamo para vernos o para felicitarlo por algo. Es una persona muuuy ocupada (...) muy influyente.» Cuando Carolina estaba en el hospital, un hombre alto, de impecable traje azul y cabello cano se dirigió a varias personas reunidas afuera del cuarto de ella: «Díganle a Víctor que vino su padre.» Le avisaron y Víctor se levantó: «Así que vino mi padre... casi 22 años sin verlo y aquí está», murmuró. Salió y se saludaron de mano, serios. No hubo reproches ni muestras de afecto. Caminaron 50 metros para hablar solos, y cinco minutos después el hombre de traje se retiró. Según varias fuentes, el distanciamiento entre el actor y su familia obedece a motivos económicos.

SWING IMAGINARIO

Su junta con los cuatro guionistas termina entre risas y palmadas, 15 minutos antes de que El Notifiero comience. Es viernes, único día en que viene al DF para grabar su programa. En la semana viaja por el país con la obra Los Lobos, dirigida por Héctor Bonilla, donde hace a un introvertido diputado involucrado en corrupción. En su escritorio, Trujillo sostiene un espejo en una mano y en la otra un tarro de maquillaje negro. Sus cejas se vuelven espesas, sus mejillas ganan pecas y junto a sus comisuras surgen dos bigotitos ralos. El lugar de Víctor lo ocupa Estetoscopio Medina Chaires. Entrega a su asistente su celular y un Nextel, avanza por los pasillos y entra al set. Víctor tiene prisa: mañana tiene función en el norte del país y hoy mismo volará. -¿Dónde actúas? -le pregunta su jefe de información, Fernando Coca. -Monterrey, Ciudad Victoria, luego Pachuco... ¡Pachuca! -corrige Víctor riendo. -Y de ahí a Texfoco, Chupeztlán y Toloco -añade Ramiro. -Deberíamos armar el "Atlas Pendejo de la República Mexicana" -bromea Víctor. El staff lo festeja, pero al instante se pone serio. Antes del "quiu" ejecuta el rito con el que se concentra ante la cámara: hace un swing con un palo de golf imaginario y respira profundo. Al abrir los ojos, ya es Estetoscopio.


CARCAJADAS

 Trujillo llega al Teatro Libanés 90 minutos antes del estreno de Los Lobos, la crítica obra contra el sistema político mexicano que protagoniza junto a Pedro Armendáriz, Jesús Ochoa, Rafael Sánchez Navarro y Roberto D'Amico. Ocupa su camerino antes que sus compañeros: se concentra y va entrando en su personaje, el diputado Eduardo Muñoz. Al rato se da la tercera llamada.

De frac, zapatos de charol y pajarita, Muñoz camina en círculos, se agarra la cara, alza los brazos, levanta la voz. -¿Me imaginas en la cárcel? -le pregunta a su amigo el senador Alfredo Torres. -La cárcel puede ser la única salida honorable -le responde el legislador. En la segunda fila del teatro está Raúl Salinas de Gortari. Ya absuelto por el delito de lavado de 160 millones de dólares, el hermano del expresidente ríe frente a Víctor a carcajadas.



 Por : Cruz Loera 07-May-2009 17:27 -

 Cortesía de chilango.com